


El avance del comercio electrónico, condicionado por las fronteras físicas
El 60 por ciento de los pedidos transfronterizos online entre países de la Unión Europea no llega a su destino
El imparable avance de las nuevas tecnologías ha convertido al comercio electrónico en una manera ágil, eficaz y sencilla para traspasar las fronteras nacionales y conseguir formalizar negocios en el ámbito internacional, bien con consumidores finales, bien con otras entidades. Al menos, en teoría.
Aunque las operaciones en el mercado online mueven más de 100.000 millones de euros anuales en la Unión Europea, esta fórmula de venta encuentra grandes dificultades cuando se trata de realizar transacciones entre distintos países, tal y como se desprende del último estudio al respecto elaborado por el Ejecutivo comunitario.
Sus resultados han puesto en entredicho la efectividad de las ventas desarrolladas por medio de la World Wide Web entre los 27 Estados miembros. Tras llevar a cabo más de 11.000 intentos de compra de un centenar de artículos populares más allá de los límites patrios, los responsables de la investigación han comprobado cómo el 60 por ciento de ellos no podían materializarse.
Los motivos de estos fallos hay que buscarlos en problemas derivados de las divisiones físicas entre territorios y que, curiosamente, ya hace tiempo que desaparecieron en las operaciones tradicionales en aras de la plena integración de la UE.
De acuerdo al informe, en un buen número de casos son los comerciantes quienes se niegan a servir las mercancías en el lugar de residencia de los solicitantes, al no corresponderse con el suyo propio. Asimismo, es frecuente que no existan medios de pago adaptados a compradores extranjeros. Los idiomas, la exigencia de demasiada información local o determinadas especificaciones técnicas son otros de los impedimentos que lastran el avance del e-comercio.
No todos los países presentan los mismos escollos a la hora de adquirir productos vía Internet. Austria, Dinamarca, Luxemburgo o Italia son los que más facilidades aportan a este servicio. Junto con ellos, España, donde algo más de la mitad de los pedidos online llega a su destino.
Como consecuencia de estas trabas, los usuarios desaprovechan la oportunidad de hacerse con bienes a los que no tienen acceso en su país o con un coste mucho menor. Su descontento y desconfianza aumenta a medida que experimentan rechazos en sus compras. Pero no son los únicos perjudicados. También las compañías pierden; por un lado, dinero y, por otro, la ocasión de ser más competitivas.